A Santiago Feldman
Las cosas pueden NO salir como esperabas
“Las cosas pueden NO salir como esperabas”, leí esa frase en un libro de espiritualidad y medio que monté en pánico. No fue exactamente pánico, más bien, sensación de derrumbe.
Estaba haciendo un retiro espiritual personal en casa (de modo abreviado, porque el original es largo, pero bastante simple) y en el libro aparecía esa frase. Básicamente la idea era evitar ese tipo de frases.
Broda (José), ¿en qué año todas las cosas han salido todo como vos querías?
Me puse a pensar… He tenido varios años buenos. Desde que vi “Un Buen Año” no me atrevo a llamar ningún año malo. Y si no son buenos me encargo de que sean buenos, siempre trato de salvarlos. Mirando hacia atrás entiendo que pueden haber pasado calamidades que en su momento no me parecían tan malas. Y también pensé que viví como tragedias ciertas cosas que, ahora que me doy cuenta, eran… (quizá) una completa pelotudez. Por ejemplo, dejar de ser maniqueo. El proceso de dejar de ser maniqueo fue para mí algo “traumático” (en el fondo era una pelotudez: era dejar de ser pelotudo; pero es duro para un pelotudo dejar de serlo). Solamente tenía que tomar con humor los reveses. Si viví esas cosas como algo “traumático” es porque no había leído suficientemente a San Agustín. Afortunadamente, mi padre tiene las obras completas de San Agustín y me quitó lo maniqueo.
Pero el “trauma” de dejar de ser maniqueo fue en el año 2008, que yo considero maravilloso y lleno de recuerdos excelentes ensombrecidos por unas pocas cosas muy oscuras. (¿Será maravilloso porque dejé de ser maniqueo? San Agustín desde arriba seguro que está sonriendo y asintiendo con la cabeza). Hice varias cosas maravillosas ese 2008.
Pensé en mi mejor año de secundaria, en el año 2004, cuando escribí mi primera novela. En el 2004 tuve excelentes experiencias, me sentía y rendía como un F-15 cazabombardero. ¿Ese año fue perfecto? Del mismo modo que la batalla de Legnano afea el historial de Federico Barbarroja, puede decirse que tuve una operación que salió mal.
El 2005, que amenazó con ser un mal año, fue salvado porque leí, entre otras cosas, la biografía de Carlos V de Karl Brandi y sólo eso, según las palabras de un confesor años después, “salvó el año”. Pero ese libro increíble fue una de las tantas cosas del 2005 que amenazó con ser un año desastroso. En el año 2005 recibí mi certificado de tirador letal en basket, hacia el final de año… No tenía nada por perder. Pero un amigo me llamó, me puso a tirar y no fallaba, no fallaba, no fallaba. En el 2008-2009 fui tirador y en el 2012 ya cerraba partidos.
El año 2010, un Aquiles consolidado. Y fue el año donde publiqué mi novela, en diciembre. Me acuerdo perfecto de ese año. Pero noviembre y diciembre, ya publicada, me sentaba a leer en las mañanas (los días que no tenía con mi personal trainer) completamente relajado, como hacía años no estaba relajado y durante la siesta entrenaba (3 horas). Me sentía con una paz tan profunda. Solamente tenía que decir “impriman” y la novela iba a ser impresa. Ya estaba publicada.
El año 2009 conocí a un Ducard muy agradable. Creyó en mí, sería uno de muchos que creyó en mí; pero tenía el placer de ser un antiguo rival que no se atrevía a dar la cara (como casi siempre me ha pasado). Y me pidió ayuda: “¡qué mal tenés que estar, sabandija, para caer a mendigar mi ayuda, ¡miserable!”, pensé cuando vi su email. Puse mi mejor cara, mi mejor disposición para ayudarlo. No sé quién lo pasaba peor: yo ayudando a esa persona hipócrita o la persona hipócrita mendigando ayuda. Me hice amigo de ese Ducard, y de enemigo acérrimo (que se cuidaba muy bien de no mostrar la cara) pasó a instructor/mentor que si me veía saludaba “con entusiasmo”. Me divertí mucho, me cobré las que me debía. Cuando vi que ya tenía suficiente, me despedí y nunca lo volví a ver. ¡Adiós Ducard del 2009, que la fuerza te acompañe!
Y desde el 2011-2020 he estado forjado de novelas, artículos, estudios… Solamente el 2016 siento que fue un año que perdí. Pero hice bastante ese año, fui un poco Aquiles ese año. Lástima que no capitalicé más. El 2016 fue un año del cual hay cosas que me lamento. Pero es aceptable tener un “mal” año. Tengo excelentes recuerdos, pero en los papeles es un año flojo. En el 2017 yo fui el culpable de no hacerlo rendir (muchísimo) más.
El verano de 2016-2017 estuvo increíble. Casi era Aquiles de nuevo. Mel Gibson volvía a la pantalla grande con Hacksaw Ridge. Fue un “verano” extraordinario que empezó a mediados de noviembre y terminó en Semana Santa (donde ya no podés nadar más en la pileta de la casa).
Con el paso del tiempo se hace más difícil evaluar el rendimiento… Porque hay trabajos y trabajos… Dentro de mi propio ámbito es difícil apreciar el rendimiento. No es como en la universidad que uno dice “este año rendí tantas materias”. Quizá sumen las especializaciones que uno vaya alcanzando… Pero después de la universidad es como si se difuminara… Ya los objetivos no son tan precisos como antes, el trabajo se diversifica y es importante no ponerte en automático para no dormirte. Te podés pasar la vida dormido en automático…
¿Qué dirían los héroes?
Al pensar en lo siguiente: “no he cumplido todos mis objetivos todos los años”; me pregunté lo otro: “¿y qué héroe cumplió sus objetivos todos los años?”.
Cuando me hablan de héroes, pienso en tres héroes: Ricardo Corazón de León, San Luis de Francia y Eduardo de Woodstock, el Príncipe Negro.
Ricardo
Ricardo no tuvo el ascenso al trono ideal. Tampoco disfrutó las peleas familiares. Y cuando hablo de “peleas familiares” me refiero a movilizar ejércitos, asedios, escaramuzas. Él no tenía en sus planes ser Emperador Plantagenet, se daba por satisfecho con ser Duque de Aquitania. Pero… Ricardo nunca fue segundo en nada (salvo en nacer). Ricardo siempre, siempre, siempre que pudo demostró una y otra vez su valía.
En Tierra Santa, la campaña de su vida, ¿las cosas salieron como él esperaba? Se cansó (¡se cansó!) de vencer a Saladino. Y no conquistó Jerusalén porque no veía cómo los francos la iban a retener cuando él se retirase.
Pero en la campaña de su vida no obtuvo el éxito que él esperaba. Tuvo un éxito impensado en Arsuf, Chipre, Acre… Pero no lo logró todo. Los miopes que hacen un resumen de la Tercera Cruzada y dicen que fracasaron en reconquistar Jerusalén.
Y al morir sin hijos se murió la esperanza de Leonor de Aquitania, su madre, que deseaba un hijo legítimo de Ricardo para heredar el Imperio Plantagenet.
Ricardo no pudo tener hijos legítimos. Algo que Luis IX tuvo en muchísima abundancia y el Príncipe Negro sí tuvo.
Eso sí: Ricardo es modelo de la caballería occidental.
Luis IX
Nació en la contraparte de los Plantagenet. Un Capeto, descendiente de los Capeto usurpadores de la corona, y nieto del ladrón serial Felipe II. Felipe II era muy forro y sólo sería superado en perversidad por Felipe IV, nieto de San Luis de Francia.
Pero en esa familia podrida hubo un retoño libre de corrupción: Luis IX. Y todo gracias a Blanca de Castilla.
Ningún monarca Capeto tuvo más poder real que Luis IX. Y emprendió las cruzadas con un ánimo igual de grande que Ricardo Corazón de León. San Luis de Francia carecía de enemigos formidables en Egipto. Tal vez los enemigos formidables fuesen los mamelucos; pero los caballeros franceses no eran imbéciles sino la elite militar de Europa. Hasta a los sargentos (militares profesionales que no eran caballeros) metían miedo en el ejército egipcio.
Como el ejército francés (salvo la vanguardia, encabezada por Roberto de Artois, que fue destruida) nunca sufrió ningún revés militar, pensó que siempre iban a salir bien las cosas. Pero comenzaron a interceptar los barcos de abastecimiento y se enfermaron. De modo que ese ejército invencible se retiraba enfermo y debilitado. Y fueron capturados.
La cruzada de San Luis terminó en un “desastre” que perfectamente pudo nunca pasar. Muchos dicen (y yo pienso) que San Luis no era un Ricardo Corazón de León, aunque él quisiera ser un nuevo Ricardo. Pero igual que Ricardo, dejó un legado eterno.
Otro que emprendió una cruzada y termina en un fracaso. Las sonoras victorias de San Luis quedan olvidadas por el saldo negativo. Es impresionante cómo mantuvieron el terreno los francos frente a las embestidas de la coalición musulmana. Y una vez prisionero piensan en nombrar a San Luis de Francia, por su temple e integridad, como futuro Sultán. Pero encontraron un obstáculo: San Luis era cristiano.
Los mamelucos se hacen amigos de Ricardo, más de cien se van con él a Occidente. A San Luis de Francia piensan nombrarlo Sultán… Hay triunfos y derrotas, no es tan simple como decir: “la cruzada fracasó”. Nada más lejos de la realidad. En el caso de San Luis, yo pienso que había una sola manera de fracasar y muchas de triunfar.
Luis tuvo muchos hijos (incluso uno que nació durante la cruzada: Juan Tristán). Pero ningún sucesor suyo estuvo a su altura (y ninguna reina a la altura de Blanca). Los demás hijos de San Luis se fueron perdiendo por sus ambiciones. Su legado familiar, podría decirse, murió con él y no pasó a sus descendientes. Y no entendieron la clave que dirigió su vida.
Eduardo de Woodstock (El Príncipe Negro)
Tuvo hijos, como San Luis de Francia. Era un hombre que pensaban que iba a revivir las épocas de las cruzadas, como un nuevo Ricardo Corazón de León. Siendo Príncipe tuvo éxitos espectaculares. Ni Ricardo tuvo el prematuro éxito de Eduardo: Crécy, las expediciones militares en Francia, y la batalla de Poitiers venciendo al ejército de Francia. Para rematarla, pone a Pedro de Castilla en el trono.
Con mano dura en Aquitania cuando se la necesitó, igual que Ricardo. Y Ricardo era famoso entre los ingleses. ¿Creen que fue casualidad que su segundo hijo se llamara Ricardo?
Se casó con Juana de Kent. Ella había estado envuelta en un escándalo porque había tenido dos esposos… ¿Era Juana de Kent la mejor opción para el Príncipe Negro? Se conocían desde chicos porque crecieron juntos. Pero ese escándalo dejó mella en la reputación de todos los involucrados (incluida ella). Y la obra “Sir Gawain y el Caballero Verde” dicen que está inspirada en el Príncipe, modelo de caballero, que se casa con una mujer cuyo “esposo” todavía vivía. Básicamente, Sir Gawain, el perfecto caballero, pero con una mácula, es el Príncipe Negro.
Dejemos de lado si hizo bien o mal en casarse con Juana. Dejémoslo en: Dios sabrá.
Después de Nájera, su última gran victoria, el Príncipe contrajo una enfermedad que lo fue debilitando hasta que su luz se extinguió.
Imagínense que pasan de ser alguien que lo llaman para poner a personas en el trono, vencer ejércitos y demás a ser alguien que no puede combatir, no puede participar activamente de la lucha. ¡Qué mal tiene que haber pasado la última etapa de su vida!
Conclusión
Tenemos a Ricardo, que fue modelo tanto para San Luis como para Eduardo, que fracasó en tener descendientes. Ricardo, que fracasó en la misión más importante de su vida: la cruzada. San Luis de Francia, que tuvo un inmenso poder, pero no pudo dejar un legado militar como el de Ricardo, algo que él sí quería. San Luis era un excelente soldado, pero fracasó como estratega. Y también fracasó su cruzada. Y el Príncipe Negro, más espectacular que ellos dos, pero no tenía el poder de Ricardo, y pasó el último trecho de su vida con una salud lamentable.
Vale la pena correr el riesgo por grandes ideales. Y eventualmente vas a fracasar en algo. Pero fracasa el que antes se atrevió. SAS dice: WHO DARES WINS (quien se atreve, gana).
¿Cuál es el balance?
La facilidad con la que se encuentran biografías de Ricardo Corazón de León, San Luis de Francia y el Príncipe Negro… podemos decir que los fracasos particulares quedaron en el olvido frente a “the big picture”. Las cosas no les salieron todo el tiempo bien, pero se atrevieron. Y hoy leemos sobre ellos.
Si todas las cosas no te salen bien. Estos tres hombres tampoco lo lograron… Y tuvieron todo lo que nosotros quisimos (y muchísimo más aún).
Don’t go bananas si las cosas no salen bien.
Fecha: 8/6/2020
Invernalia