Superar lo prosaico
Sería prosaico que diga que los Spurs son mi equipo favorito porque, siendo argentino, era el equipo del 4 (¡¡¡4!!!) veces campeón de la NBA: Manu Ginóbili.
¿Es cierto que siempre estaba para anotar puntos clave? Era parte del trío Duncan-Ginóbili-Parker, el trío más ganador en la historia de la NBA.
Un jugador gana partidos; un equipo, campeonatos
En realidad, lo que más me gusta de los Spurs es ese sentimiento de equipo, de bajar el ego; y los que empiezan bajando el ego son, precisamente, los que siempre cargaron con el equipo: el Tridente/Dinastía. La filosofía de Popovich, una filosofía que habla de un juego de equipo: contracultura del individualismo americano que imposibilita una armonía en el equipo. No es casualidad la cantidad de extranjeros en San Antonio. Incluso el Tridente. El Tridente empieza en el 2001-2002 y va a durar hasta el retiro de Duncan.
No sé si Duncan hubiese ganado más dinero en otro equipo. Pero Ginóbili y Parker sí. ¿Hubieran funcionado con el mismo resultado? Hoy es… 31/3/2020… ¿Cuántos anillos tiene Lebron? Me hace acordar al discurso de Al Pacino en “Un Domingo Cualquiera”: “o vencemos como equipo o morimos como individuos”.
La Dinastía (el Tridente)
El Tridente de los Spurs no iba a funcionar en ningún lugar mejor que en San Antonio porque iba acompañado de toda una filosofía. Lo cual incluía el valor de la banca; y para que la banca fuese competitiva se necesitaba que el Tridente no cobrase todo lo que sí podría cobrar en otro equipo. Por lo cual eran sacrificados dentro y fuera de la cancha.
Lamentablemente me perdí muchas finales durante la época universitaria. Pero, aunque me haya perdido algunas finales de los Spurs, me he cansado de verlos ganar.
Duncan era el ancla. Y Parker y Ginóbili hacían estragos jugando o haciendo jugar. Recuerdo las jugadas combinadas Parker-Duncan de “poste alto-poste bajo” y Parker iba a la carga. Recuerdo que Parker era muy anotador; quizá el más individualista de los tres. Manu estaba como “sexto hombre”, lo cual en San Antonio es bastante… ridículo. Era ridículo porque existían titulares y suplentes, hubo épocas donde no estaba muy claro quién era quién; pero Manu estaba para que la banca fuese igual de competitiva que los titulares. Y San Antonio siempre tuvo banca y la banca era tan buena que hacia finales de temporada quizá se veía con claridad a los titulares.
El equipo incluye el inestimable aporte de la banca.
Otros Spurs
Hay otros Spurs que fueron (algunos lo siguen siendo, porque no se han retirado) geniales: Kawhi Leonard es el más obvio, que siendo joven tenía que marcar a un veterano Lebron James. Otro excelente es Patty Mills, que era el base suplente de Parker. Lo que más me gusta de Mills es su probada sangre fría: momento clave del partido, tiro libre, anota. Eso me encanta. También me encanta verlo castigar con los triples cuando está desmarcado. Otro es Boris Diaw. Un familiar mío, con gran malicia, decía que lo trajeron a los Spurs para que, siendo francés, le cocinara a otro francés, la estrella Tony Parker. Al principio no era… espectacular. Pero tanto en el 2013 como en el 2014 probó su valía. Y alguien de mi familia, cada vez que anotaba, gritaba: “crème brûlée”. Y causaba risas.
Mi San Antonio Spurs favorito
Mi San Antonio Spurs favorito es Danny Green. Sé que él ya no está, pero estuvo unas 9 (9!!!) temporadas en San Antonio. Hay muchas razones por las cuales era mi favorito.
La primera y la más obvia: tirador de triples. En mi corta carrera en basketball, con idas y venidas, retiradas y retornos, me dediqué a ser tirador. Recuerdo que iba a la siesta a entrenar al club. Estaba solo. Tirando. Horas. Recuerdo que una vez coincidí con el jugador estrella de una división: Poli (se llama Hipólito). Me pidió ver mi balón, era Adidas. Me dijo: “lindo balón”. Y nos pusimos a tirar triples con mi balón. Nos alternábamos: el que metía seguía, cuando fallaba lo entregaba. Recuerdo que tiré de los tres ángulos: 0, 90 y 180. Al anotar tres triples seguimos, él movió afirmativamente la cabeza como diciendo: “míralo vos al pendejo”. Les explico: Poli era “EL” jugador estrella. Antes había jugado con otra división. Y fue un gran año. Mi segundo año, cuando jugué con su división, los otros del equipo estaban recelosos de los advenedizos (como yo) por lo cual yo sólo entraba en los equipos que necesitaban jugadores. Su división era de élite (salió campeona provincial en Mendoza) y las veces que entrené con ellos se hizo bastante… incómodo. Pero Poli siempre fue buena onda, siempre con una sonrisa, siempre tranquilo. Siempre amable.
Meses después entrené con una división más baja. Y tuve mis encontronazos con el entrenador. Así que le di la espalda a esa división y dije “al carajo” y me fui a la división de un amigo, un par de divisiones arriba (donde faltaba gente). Y la pasé bien. Recuerdo haber retado a un uno-a-uno al centro, Matías, más de una vez. Mi feroz 1,65 vs su tímido 1,90. Competencia ridícula si las había. Pero igual nos matábamos de risa. Él no podía andar rebotando el balón porque yo no sólo era zurdo sino también bueno defendiendo y robando; y yo no podía atacar el aro porque me comía más tapas que Tony Parker vs Serge Ibaka.
Punto uno: tanto Danny Green tiramos (tiraba en mi caso) triples.
Segundo: escolta. Seamos sinceros, no tenía las habilidades para ser un base ni la altura para ser un alero; pero podía correr rápido y por mucho, mucho tiempo. Por lo cual ser escolta era la posición perfecta para mí.
Tercero: muchos tripleros se mantienen en cancha, aunque no estén metiendo triples. Les explico: meter triple no es un talento innato. Tirar es algo que se desarrolla (mejor o peor); el triplero está acostumbrado a romperse el c… entrenando. Muchos tripleros, aunque no tengan un buen día con los triples, los mantienen en cancha por su valor defensivo. Cuando Leonard estuvo lesionado, el que suplió su trabajo defensivo (y de gran manera) fue Danny Green: tapaba, robaba, defendía. ¿Era Leonard? No ¿Era un defensivo increíble? Sí, era muy aguerrido.
Cuarto: a pesar de ser un profesional, sabía cagarla con cosas simples. Recuerdo que lo primero que te enseñan es la entrada en bandeja. Cortás en V, te desmarcás y te mandás al aro (si no está Ibaka). Y tirar es lo último que se perfecciona. La cuestión es que recuerdo a Danny Green (ya tirador experto) que cuando atacaba el aro no sabía hacer bien la entrada en bandeja. ¡Y cagaba una jugada tan simple! Porque Danny nunca fue alguien que atacara el aro, siempre fue tirador. No he podido verlo mucho más. Pero me sentía feliz al ver que mi estrella favorita la podía cagar en algo tan simple como la entrada en bandeja. Me sentía menos idiota.
Saber que tu estrella hace agua te relaja. Te baja los niveles de perfeccionismo. Hay otros tripleros que me agradan: Pippen, Ray Allen (el pelado que clavó el funesto triple del partido 6 del 2013), Chandler Parsons, el muy querido Tony Kukoc. Pero no fueron Spurs.
El punto es que Danny hacía agua atacando el canasto, algo que arregló con relativa rapidez. Pero si Danny Green hizo agua, no sólo yo, creo que todos hacemos agua en algo (y puede que sea muy importante)… Ahí necesitamos un equipo que maquille nuestras carencias y el conjunto sea una perfecta armonía. El (gran) talento de cada individuo contribuía al bien común de tal manera que el juego era simplemente perfecto.
P.S.: yo usaba el mismo número que Danny Green en los Spurs, el 14 cuando salió campeón (durante un buen tiempo usó el 4). 14 era el número del tirador estrella: Hisashi Mitsui.
Fecha: 17/4/20
Invernalia