Engage!

Engage!

El “engage” tiene dos partes: recibir y dar.

Recibir

Lo primero que me enseñaron fue a “recibir”. Es cierto que uno recibe incontables cosas, desde que nacemos estamos recibiendo cosas. Pero en el aspecto humano lo primero que uno recibe es “alguien” que se mete en la vida de uno. Los primeros “extraños” son los amigos del jardín con los que uno lleva una amistad (en el caso de mi amigo Pedro) desde los dos años. Y en el caso de Pedro, él tiene una foto de nuestro grupo de jardín de infantes a los dos años. Mi padre siempre recuerda a un compañero mío, Rodrigo, que apenas yo llegaba al jardín (muy temprano) se escuchaba el grito: “¡Joséééééééééé!”. En el primer día de clases de colegio nos hicieron juntar bancos con un compañero. Tengo una foto de mi primer día de clases. Y reconozco la mochila del compañero con el que junté mi banco en el primer día de clases: era de Rodrigo.

Y en la vida de uno se iban metiendo nuevos amigos.

Como soy bastante introvertido, veo mucho y no digo nada. (Al principio el problema es hacerme hablar; después el problema es callarme.)

Al colegio que fui era sólo de varones. En el colegio de varones es como entrar a la Guardia de la Noche: “And now my watch begins”. Y uno aprende a cazar. Ir a un colegio mixto es tan antideportivo como llevar los peces a una pesca. Primero, hace diligente al hombre que tiene que salir a buscar a alguien, a una chica; en segundo lugar, libra a las damas de los apestosos, maleducados y maleantes que uno tiene como compañeros. Permite que las damas sigan siendo damas. 

Y seamos sinceros… Todos se creían el Jon Snow de la Guardia de la Noche. Yo, como me enseñaron los pilotos de Malvinas, siempre operé por debajo de los radares (de compañeros o de lo que fuese). Era un cazador solitario

Pero ya tenía compañeros que se habían metido en mi vida y ahora eran compañeros de la Guardia de la Noche.

Después las chicas se meten en tu vida.

Recuerdo a las primeras que hacían la gran Wilkinson. Jugada vieja si las hay: consiste en ir acercándose lentamente hasta disparar en el momento más oportuno. Se hacían las amiguitas, escribían cartitas, regalos, no faltaba el “lo que quieras te ayudo” (sello de la jugada) y uno, inocente e ingenuo como los Wallabies, se ponía a tiro de Johnny Wilkinson. Y las chicas aprovechaban a declararse. Y entonces ahí me daba cuenta por qué la buena onda y por qué tan simpáticas. Y yo decía por dentro: “ahhhhhh”. Y después venía el drama… Como yo tenía objetivos el drama no era mío. Como dice un sabio: “Tranca, palanca”.

Recuerdo a una murialdina llamada Florencia que conocí en el verano del 2003-2004. Durante las vacaciones me vio tirando al aro y me preguntó si podía jugar y tirar conmigo. Gané el 1 a 1. Jugamos un largo rato. Y en la vela que jugamos ella se movía lentamente hacia el costado hasta encontrar un ángulo para usar el tablero y anotar. Pasó una vez, dos veces… Después lo que hice fue pararme a su izquierda (o derecha) y decía: “dale, tirá”. No se podía mover para el costado la tramposa porque yo obstruía el paso (de alguien que no se tiene que mover). Gané también la vela. Siempre que competí con ella gané, me alegraba el día. Pero era clave no dejarla hacer trampa. Seguí las indicaciones de Juan Carlos Batman a Rulo cuando está con “el coche de la engañifa”: “¡no te dejés cagar!”. Como dice Max Skinner al principio de un Buen Año: “winning it’s not everything… it’s the only thing!”. Esas palabras las dijo antes de su “conversión”.

La vi varias veces en el verano. Todo bien. Simpática, linda, tez blanca y una melena negra.

Y cuando me la crucé durante las clases viene y me dice: “¿jugamos?”. Y podía relajarme unos días de verano, los sacrifiqué por gentileza (siempre he sido demasiado blando). Pero el objetivo era ser el letal Hisashi Mitsui, tirador estrella. Y yo, igual que John Wick, soy un hombre enfocado y comprometido… con mis objetivos; y si John Wick no aprovechó su oportunidad con la bartender del Hotel (¡Bridget Regan!) por qué yo estaría menos enfocado en ser un tirador letal. Y si le decía que sí, pintaba a que de nuevo iba a entrar en el ciclo vicioso de Johnny Wilkinson… Tenía la sonrisa y simpatía del drop de Wilkinson: la amiga que espera al momento oportuno… De modo que le respondí (con una actitud muy Kaede Rukawa, famoso por su sequedad y cortos modales): “no, no quiero; tengo que entrenar; no puedo andar jugando y perdiendo el tiempo”. Ella dijo “¿¡qué!?”. Y le repetí que no. Y ocurrió una de las anécdotas más graciosas de la secundaria respecto a las mujeres: comenzó a insultarme.

Nota aclaratoria: en el colegio (de hombres) podíamos arreglar las cosas “como hombres”, era el lejano oeste y no me iba nada mal. A lo sumo necesitaría algún aliado, pero sólo me iba muy bien. Quizá las personas se sienten incómodas al decir que “el mundo no es maravilloso y color de rosa”, pero la corrección política suele enmascarar un asco de hipocresía, es meter al caballo dentro de Troya; y se paga muy caro eso. Era el lejano oeste… Problemas puntuales (menos que ahora), pero sí carente de leyes. 

¡Volvemos!… Ella me está insultando… Y yo empiezo a sonreír. Y cuando empecé a sonreír, porque nunca me habían insultado en la cara, ella se enojó más y me insultó un rato más y después se fue (por su mirada, diría que furiosa). En ese momento dije: “nunca me voy a olvidar de esto”. Y dicho y hecho, hoy es 6 de abril de 2020 y recuerdo con una sonrisa cómo me insultó. Y desde entonces nunca nadie me ha insultado a la cara. Como ella llevaba el fuego sagrado, seguro que se llamaba Florencia Targaryen.

Pero nadie va a negar el esfuerzo que hicieron mis amigos y las chicas que se metieron en mi vida e hicieron su aporte. Dieron. Dejaron grandes recuerdos.

La parte de “Dar”

Muchas veces se juega tácticamente en el rugby, se patea a ver quién se equivoca, quién gana terreno. Lo recuerdo en los partidos Inglaterra-Sudáfrica y en los partidos Australia-Sudáfrica. Y para ser más precisos los del 2012 porque el 12 en Sudáfrica era Francois Steyn, que podía jugar de 10 y le gustaba patear y por el otro lado, en Australia, estaba Berrick Barnes, también podía jugar de 10 y era 12, también pateaba bastante. La vida es un poco como la pelea entre Steyn (mi Springbok favorito) y Barnes (mi Wallabie favorito). Recibir y uno puede optar qué respuesta da.

Cuando uno pone la parte de uno (aclaro: uno siempre elige a las personas a las que les va a hablar y relacionarse) se da el “diálogo”. Recuerdo que estaba hablando con una amiga y me puse a preguntarle cómo estaban sus diferentes cosas. Y ella se detuvo y me dijo: “¡Ah, pero vos escuchás y te acordás!”. Y mi amiga, que es muy generosa, se daba cuenta que cuando hablaba las otras personas no la escuchaban. Pero como dice el libro de la Sabiduría (1,10): “un oído celoso lo escucha todo”.

¿Hablás y te parece hablar con una pared? No te preocupés: “los egoístas no saben conversar; sólo hablan de sí mismos”, dice Amos Bronson Alcott.

Y sumar… Hay que entrar en la vida del otro y sumar. Del mismo modo que Leo deja entrar en su vida a personas y entra en la vida de Beatrice y le cambia en la vida (en la novela “Blanca como la Nieve, Roja como la Sangre”). A veces al entrar en la vida de los demás o al dejar entrar cambiamos la vida de las otras personas. Aportamos mucho más que una nueva perspectiva. Sumar es parte de ese interés genuino.

Y es importante mantener interés genuino en el otro. El interés (y el desinterés) genuino se nota. Que vaya más allá de las especulaciones.

El interés genuino importa, y desde hace rato

Los reyes de Inglaterra dependían, en gran manera, del aprecio que les tuviese el pueblo y la nobleza que gobernaban (porque recordemos que también tenían tierras continentales). Los reyes Plantagenet tenían interés genuino en hacer justicia (Eduardo I), tratar bien a sus soldados (todos los reyes y príncipes), que se sintieran seguros bajo su égida (Enrique V). El fracaso de los diversos reyes ingleses (con las subsecuentes rebeliones) nacieron de las fallas en el carácter de los reyes, fallas en su persona. Y el fracaso nacía de la falta de genuino interés por la nobleza y el pueblo. En el fondo era un fracaso humano. Es necesario ser prudente, justo, fuerte y templado.

El interés genuino es recibir la pelota que nos patea la otra persona que se mete en nuestra vida y nosotros elegimos responder (y cuando elegimos no responder también estamos enviando un mensaje). Nosotros elegimos la calidad de respuesta que le damos.

Uno no controla quién se cruza en nuestro camino. Pero sí controlamos qué vamos a hacer.

¿Qué hacer? La Madre Teresa lo dijo hace mucho: “No permitas que nadie venga a ti sin irse mejor y más feliz. Sé la expresión viviente de la bondad de Dios”.

Uno tiene que tratar. Si uno se acostumbra a ser amable, con el tiempo no cuesta ser amable. Y con un pequeño gesto de amabilidad se gana mucho (y dura más tiempo en la memoria del otro de lo que pensamos).

Hoy en día… si vuelvo a ponerme a tirar al aro… o a patear a los palos como Francois Steyn… Supongo que sería más flexible, más amable y sería “buena onda”. No me van a llamar los Spurs para que reemplace a Danny Green, ni los Sharks me van a llamar para remediar la pérdida (irremediable) de Francois Steyn.

Hoy es el aniversario de la muerte de Ricardo Corazón de León: 6 de abril de 1199. Seamos (perfectos) caballeros como él, seamos amables y considerados.

Fecha: 6/4/2020 (aniversario de la muerte de Ricardo Corazón de León)

Invernalia