Un encuentro inesperado
Estaba buscando libros de von Hildebrand y el lugar donde los buscaba siguió con las coincidencias y apareció “von” Arnim. Creo que fue así el descubrimiento. No recuerdo exactamente cómo apareció este libro, pero me llamó la atención el título: “Abril Encantado”. Vi la tapa, era una ilustración. He visto obras que están ambientadas en el medievo y su cubierta es una foto de un hombre con una espada y cota de malla… Me encantó la película “Cruzada” (Kingdom of Heaven) y su publicidad. Ahora, hacer una tapa de un libro medieval con una foto contemporánea… ¡Esa mezcla me sienta fatal! La ilustración de Abril Encantado era agradable, me gustó. Fui a una página que califica los libros: reunía todos los requisitos para ser una buena obra… y más: tenía una estrella de “libro destacado”, algo nada fácil.
Otro dato de la escritora (para otras personas posiblemente un dato menor): el apellido de soltera era Beauchamp. Es cierto que es australiana, nación que por los Wallabies me agrada bastante; pero Beauchamp es la dinastía que sucede a los Beaumont como earls de Warwick en Inglaterra. Y aprecio mucho a las dos dinastías: Beaumont y Beauchamp. Me pareció una muy agradable coincidencia. Claro que hay que tener ojos para ver.
Leí la sinopsis y me pareció ingeniosa. Cuando la terminé de leer, y a medida que iba avanzando, me di cuenta de que toda la novela era muy ingeniosa. La leí pronto y le conseguí una copia a mi madre. Ella disfrutó bastante la novela, pero se enfocó en otros personajes.
Spoilers alert!
Quizá haya spoilers de cosas… secundarias, o para otras personas sean spoilers de índole sustancial. Depende de cada persona.
Un retiro e introspección
Mujeres, en la vorágine de la vida, no se detienen a reflexionar. Hacen todo automatizadas, día tras otro. ¡Vacaciones! Cuando llegan a Italia tienen tiempo de ocio. El ocio es necesario para ciertas actividades vitales. Saber descansar es parte del trabajo. Creo que las personas reaccionan más que accionan.
Hay un instante en La Caída del Halcón Negro donde al convoy de tanquetas livianas y transportes le preguntan si pueden llegar hasta el lugar donde se encuentra el helicóptero derribado. El coronel que encabeza a ese cuerpo, la caballería mecanizada, se sincera: “en el estado en el que estamos haríamos más daño que bien”.
Tengo un tío que tiene una importante función, importantes obligaciones. Solía verlo en su oficina y nos poníamos a hablar de todo: historia, teología, arte; él sabe hablar y sabe escuchar. Él comentó una vez sobre la obligación de tomarse vacaciones. Un año no se pudo tomar vacaciones y el siguiente año se le hizo eterno; no era el mismo.
Estas mujeres, las de la novela, claramente, desde la página 1, cuando ven que pueden ir a Italia a vacacionar en la primavera europea, no albergan muchas dudas: se deciden a ir pronto.
Son muy buenas las reflexiones que hacen sobre sus vidas. La que brilla en todo sentido es Lottie Wilkins. Pensando en ellas, es importante la mirada que uno tiene sobre las cosas.
About Lady Caroline
El personaje en el que me quiero centrar es Lady Caroline. Olfateaba y pegué bastante cerca de por dónde venía el asunto. Básicamente desde que apareció era como un penal que esperaba a patearlo para acertar. Y acerté. Hay ciertos spoilers, antes de seguir leyendo pueden leer la novela. Son 300 páginas y se puede leer rápido; si me tardé es porque yo hago fichas de lo que leo, lo cual ralentiza el proceso.
Lady Caroline Dester es una joven de 28 años. Y subrayan: no está casada. No es como la amiga de Elizabeth Bennet que se tiene que casar con el vicario (que también hace de Beckett en Piratas del Caribe II y III). Lady Caroline es alguien a quien la vida la ha dotado con generosidad. Es rubia, bella e hija de… importantes ingleses. Tiene todo. La vieja Fisher más adelante va a decir que su padre fue parte de un escándalo nacional.
Lady Caroline tiene un carácter lamentable (en esa etapa de su vida), es bastante gruñona.
A lo largo de mi vida he tenido la dicha de conocer muchas chicas. Recuerdo a una que por cómo la había dotado la vida (muy bien) podría encajar en el papel de Lady Caroline y lo haría fabulosamente bien… Hace demasiado tiempo que no la veo… El punto es que cuando esta chica tenía un mal día lo podías ver a la legua. No quiero contradecir a von Arnim, pero la mala cara, por Venus aristócrata que sea la chica, es bastante difícil de esconder.
Si von Arnim quiere que Lady Caroline tuviese mal carácter y resultara encantadora a los ojos de las otras mujeres quizá era porque quería sobresaltar el efecto tonificante del castillo italiano que habían alquilado.
Revisando mis fichas, a pesar de su mal humor, Lady Caroline tiene ciertos pensamientos que me destornillan de risa.
Mucho ruido y pocas nueces
Sentencia con la que lapida su vida actual: “mucho ruido y pocas nueces”. Usa una palabra muy dura: vacía. A pesar de todas las fiestas… Y no hablo de sortir en boîte, hablo de fiestas como las que se pueden organizar en el bastión y sentirse un Gatsby. Fiestas en las que sólo falta de fondo la canción “Young and Beautiful” de Lana del Rey.
Capítulo X-El origen del Cinismo de Lady Caroline
Lady Caroline desea estar sola. Sola. Y escuchar una y otra vez “If my heart had a heart” de Cassadee Pope.
Lady Caroline acepta y reflexiona sobre un punto de inflexión en su vida. Un fracaso muy sonoro para ella. Por una razón u otra, terminó en fracaso. La misión no se completó. Los estudios de M. Seligman sobre la Felicidad (Authentic Happiness) apuntan a que una de las tantas cosas que hacen feliz a una persona es estar casado. Él lo dijo.
Lady Caroline fracasó en su misión. Y desde entonces confiesa que ha estado amargada. Ella es víctima de un profundo cinismo que la hace incapaz de amar. Por brillante que sea por fuera; adentro está toda marchita, muerta o podrida.
Sigue y sigue… Lady Caroline, en el capítulo XIII, ve que sólo era una fachada. Como dice el Papa Francisco (¿palabras dirigidas a algún futbolista?) en Jogo Bendito, gran arenga mundialista: “esos cristianos son pura facha”.
En el capítulo XIV ve su pasado no sólo como una fachada, también su futuro como algo oscuro.
En el capítulo XVI reflexiona: no ha fracasado en pasarla bien, porque era pura fachada; ha fracasado en algo sustancial: ser feliz. A pesar de que tenía todo a su favor.
Y hasta ahí llego con Lady Caroline.
Llamar fracaso al fracaso
En la actualidad mis amigos siempre me muestran diversa clase de artículos para que se los comente. Artículos que doran la píldora, artículos que hacen eufemismo del fracaso y lo llaman “oportunidad para…”. Eufemismo. Y también me han mostrado un artículo brutal donde diseccionan a las personas y las clasifican como si fuesen diversos especímenes de una raza. La brutalidad de ese artículo que me mostró un amigo donde se clasificaba a las personas era no sólo tóxico, también convertía a los sujetos en objetos (objetos de estudio, pero objetos); también se hacía una profunda injusticia al no hacer uso de la equidad. Se puede hablar de una generalidad, que es la ley; pero en el caso particular se usa la equidad. Para más información lean a Aristóteles y a Josef Pieper hablar de la Justicia.
Uno puede hacer una ley, pero no puede dejar de aplicar la equidad.
Ya hemos descartado a los artículos deshumanizantes donde se clasifican a las personas y no se usa equidad. Las personas no son insectos ni objetos.
Ahora hay que sacarse a los “dora-píldoras”.
Fracasar, como bien lo enseña Un Buen Año, es parte de la vida. Es muy importante, en caso de fracasar, hablar con el Consejo y ver por qué fracasó aquello que tuvimos como meta. La culpa no tiene que ser necesariamente nuestra; pero sea nuestra culpa o no, hay que identificar el (o los) motivo del fracaso.
A veces fracasar es como cuando San Pablo cae del caballo. Una vez, en hipismo, me caí (literalmente) de cabeza y me tomé esa semana. Después de caerme del caballo no quería ver a nadie por una semana. Una semana en una amplia habitación con escritorio, baño, todo, perfecto para el aislamiento. Y ahí aprendí lo malo que era caerse del caballo en pleno torneo. Fue un momento donde cambió mi vida y tomé una resolución. Mi resolución fue confirmar la resolución previa: no caerme jamás del caballo (en tres años y medio me caí 4 veces del caballo). Pero reflexioné por qué me caí del caballo. Mal timing mío e intolerancia de mi caballo.
Es muy valioso que sea una condesa (von Arnim) y ya entrada en años la que escriba esto sobre Caroline: la joven que tiene todo y ha fracasado. Es una hipérbole. Pero a pesar de que sea una hipérbole (Lady Caroline), puede ser una situación que se de en la realidad.
Estamos en el mes de febrero del año 2020. Si hoy los Pumas declararan que no tienen intención de ganar el Rugby Championship me mataría de risa. Es como si yo en mi perfil de Facebook publicara que este año no voy a ser piloto de la escudería de Ferrari, y le dejo mi lugar a Vettel y a Leclerc. No hay que hacer declaraciones cínicas.
Los Pumas han jugado partidos extraordinarios. Han competido contra el Sur, que ha ganado 8/9 mundiales y sólo se les escapó el del 2003 porque le partieron la cara al 10 de Australia en la final del 2003. Para Australia y Sudáfrica es muy difícil ganar el Rugby Championship, ni hablar para Argentina.
¿Cuál es el punto? Si yo anunciara que tengo ganas de ser duque y simplemente soy barón o conde, por más fiestas que tenga en mi vida, no he logrado mi objetivo. Lo cuantitativo (cosas) nunca va a poder suplir lo cualitativo (ser). En el caso de los Pumas (y Australia y Sudáfrica) no sirve que califiquen (Australia y Sudáfrica en el ’11 y ’15 eran 2° y 3°) en los primeros lugares, que le den palizas al Norte, si no ganan el torneo más espectacular de la historia de Rugby: el Rugby Championship (antiguamente conocido como Tres Naciones). Y no les sirve ganar el Rugby Championship si ese año pierden el Mundial.
Lady Caroline tenía deseos de casarse, hizo lo que yo llamaría “una campaña”, jugó una partida y fracasó. Pero ninguna fiesta, ningún “pasarla bien”, podían tapar el agujero de ese fracaso. Y sí, era muy querida por su familia; pero no alcanzaba.
Quizá a los veinte crean que la fiesta va a durar toda la vida (no va a pasar), o a los treinta (menos)… Pero Crazy Jerry le dijo a Broda que la fiesta no podía seguir para siempre.
Quizá no fuese culpa de Caroline que no se hubiese casado todavía. Pero… no logró el objetivo.
Ahí uno puede decir: ¿por qué he fracasado? Uno va al Consejo (que no sean ni tóxicos ni dora píldoras, y que sean competentes) y les pregunta: “Gran Maestre, emprendí esto, ¿por qué he fracasado?”. Al tóxico te vas a dar cuenta que lo es porque a vos te gustan las matemáticas, él no sabe sumar 2+2 y dice que las matemáticas son estúpidas; al dora-píldoras, quizá lo haga con excelentes intenciones, le cargue toda la responsabilidad al otro y ataque a otro que tenía que cumplir con su parte del trato para llegar al objetivo. El dora-píldora sistemáticamente le achaca la culpa a otro que no seas vos. ¡No dejes que te doren la píldora! No basta con que sea partidario tuyo, que esté en las buenas y en las malas; también uno necesita que pueda ver las cosas con serenidad. El consejo te puede orientar en las razones por las cuales has fracasado.
Me pareció muy sano y refrescante en esta novela presentar al fracaso como fracaso (dentro de los parámetros de esas mismas mujeres). Pareciera que estuviese prohibido tener una emoción negativa cuando algo sale mal. Y es preferible fracasar que tirar la toalla (como aprendí en Leones por Corderos). Como dice el viejo dicho: Mut verloren, alles verloren (coraje perdido, todo perdido).
A veces se necesita un examen sincero sobre uno mismo. Ver qué detalles hay que arreglar. Ver qué cosas hay que evitar. No automatizarse.
NOTA: no significa que uno tenga que machacarse el fracaso. Uno tiene que ser positivo y, como me dijo un sacerdote, ser optimista. Siempre hay que sacar partido de la adversidad. Siempre pensar en positivo y pensar que no hay mal que dure cien años (ni cuerpo que lo resista). Pero hay que desterrar una cosa: si uno tiene un objetivo, pensar en positivo (a pesar de los reveses); pero nunca tirar la toalla y empezar a usar eufemismos. Y sí pensar en positivo: “más adelante saldrá bien”. No tirar la toalla es la diferencia entre la victoria y la derrota, a pesar de que tal vez lo que queremos no venga de la manera que esperábamos.
Cierta reflexión de la novela me hace acordar un poco al capítulo “Jenkins” de How I met yor Mother: Settler or Reacher?. En “Jenkins” actúa Amanda Peet y ahí se discute “reacher or settler”. Ella también actúa en “Muy parecido al amor” (A lot like love), película que vi por recomendación de un familiar.
Es una novela refrescante. Tiene un sano ocio, un sano examen de conciencia. Y es placentero leer algo tan bueno siendo un descubrimiento inusitado.
Invernalia
11/2/20