En “El Último Cruzado”, cuando asedian Malta, sobre Carlos V dicen dos cosas. La primera, que cuando se perdió Rodas (Carlos V sólo tenía 22 años) dijo: “nada se perdió mejor que Rodas”; segundo, dicen: “¿por qué imitar en un error a Carlos V cuando se lo puede imitar en tantos aciertos?”.
Es básicamente mi historia: estuvo seis meses en mi lista de libros para comprar y recién seis meses después de conocer su existencia lo tuve en mis manos. ¿Por qué imitar mi negligencia en obtener este libro cuando lo podría haber adquirido mucho antes?
Atención: habrá pequeños spoilers (pero uno puede saber en cinco minutos qué pasó en el sitio de Malta a través de Wikipedia). Sin embargo, Jack Sparrow en Piratas del Caribe IV dice: “no se trata del destino, sino del viaje”.
Cuando terminas de leerlo sentís que por tus venas corre esa mezcla que consumió Marshall Eriksen: café negro y Tantrum… Una combinación tan fuerte que pide la guía telefónica de Nueva York (¡enorme!) y la rompe a la mitad con sus propias manos y grita: “¡Tantrum!” … Así de poderoso es el fuego (sagrado) que corre por las venas de uno después de leer Ángeles de Acero del autor Nicholas C. Prata. Y uno escribe sobre este libro para mantener la llama sagrada viva. Como decía Romano Guardini: “la fe es como una vela que enciende otra vela” (la fe de otro). Recomendando este libro ayudo a mantener viva esa hazaña increíble de los Hospitalarios.
En “El Último Cruzado” sólo mencionan el asedio de Malta como una expedición militar importante. Se puede googlear en cinco minutos qué pasó en el asedio de Malta como hizo un amigo. Pero, después del asedio, en la misma Inglaterra isabelina, anglicana (no católica), el mismo autor dice que Isabel de Inglaterra tuvo un festejo de acción de gracias que duró seis semanas…. ¡Seis semanas!
La humillación de Rodas
La novela comienza con la capitulación de Rodas. Después de las cruzadas no he investigado demasiado de los Hospitalarios porque el material comienza a escasear. Pero tuvieron un papel en el Mediterráneo. Estudiando la historia de Chipre aprendí que eran un satélite de Chipre. La importancia de su presencia en Rodas es que evitaban que el Mediterráneo se convirtiese en un lago de los piratas.
Sé que los genoveses estuvieron ayudando a que no colapsara Constantinopla. Pero los venecianos, aún después de la pérdida de Chipre y Lepanto, siguieron como “amiguis” de los turcos. El papel de Venecia a lo largo de las cruzadas es triste, triste y mezquino. No es que Génova fuese una maravilla, pero cuando tenía que parar de comerciar para unirse a las cruzadas, lo hacía. Venecia siempre vio (y nunca paró de ver) todo como un negocio.
Pero todo empieza con la humillación de La Valette cuando ve que tienen que partir de Rodas. Claro que Carlos V les regala Malta para que se asienten ahí y la conviertan en su bastión.
Pero La Valette queda con la simple idea: mejor morir que doblegarse. Por supuesto que podían relocalizarse en cualquier otra parte.
Pero piensen… La Orden Teutónica fue secularizada por el Gran Maestre Alberto de Brandeburgo (no confundir con el Cardenal, ni con el Condottiero, que perdió, pero mandó al infierno al hijo de p… redomado y traidor de Mauricio de Sajonia en la batalla de Sieverhausen; Mauricio de Sajonia debe estar en el círculo más profundo del Infierno de Dante, con los traidores). Y los Templarios desaparecieron en el siglo XIV… De las tres grandes órdenes militares de las cruzadas todavía quedaban los Hospitalarios. Y con orgullo.
Orgullo
Hablando de orgullo, hay una cuestión interesante: la humillación. Por un modo u otro podemos fracasar y ahí surge la humillación. Fracasar es parte de la vida (también ganar), y cuando uno pierde es normal sentir vergüenza (más o menos vergüenza). Y es esa vergüenza la que te humilla. En La Valette vemos que la vergüenza de la humillación lo marcó.
La humillación puede hacerte humilde. Y eso puede valer más que una victoria; por eso en Un Buen Año el tío Henry dice que se aprende mucho más de una derrota que de una victoria. De la derrota se obtiene gran sabiduría. Uno se examina para ver en qué fracasó, más que nada uno les presenta los hechos a los superiores. Ante el fracaso hay muchas explicaciones (de todo tipo). La explicación más instantánea al fracaso que he visto es la clásica de la NFL cuando le muestran al QB cuadro por cuadro (en las fotos) qué salió mal y le piden que haga ajustes en ese mismo partido. El fracaso te lleva a abrir los oídos, escuchar a los consejeros.
Como tenemos libre albedrío podemos elegir no aprender. Rechazar esa vergüenza que es natural. En ese caso tenemos a un sin-vergüenza. El sin-vergüenza está poniendo los cimientos a un fracaso que va mucho más allá de lo temporal. El sin-vergüenza pone los cimientos de su fracaso temporal y uno muchísimo más agudo: el personal. ¿Qué ocupa el lugar de la vergüenza? En primer lugar, el orgullo. Y el orgullo no para ahí…
Atención: si La Valette no hubiese visto la pérdida de Rodas como una catástrofe, en ese caso se le imputaría una conciencia deformada (mi profesora de teología tenía una sentencia brillante: “el gusto arruinado llama dulce a lo salado”). Si La Valette hubiese sido negligente en la preparación para el ataque, esa omisión y negligencia también se le imputaría en el Juicio Final. Pero La Valette estaba preparado: el poder revela el carácter. Al final, líder diligente, seguramente arriba; líder negligente, seguramente… abajo. Si las personas supiesen la responsabilidad que acarrea el poder (el mando), no lo desearían. Al menos no tanto después de ver las consecuencias que trae.
Cada vida vale
A lo largo del asedio vemos cómo cada vida vale. Nadie está de más. Sea en los asedios, sea en el día a día, sea para engañar al enemigo. Brillan los combatientes, pero hay un papel, y vital, de los no-combatientes.
Hacer patente al héroe que yace latente
Cada caballero hospitalario tiene que valer por diez, veinte, cincuenta turcos. Y cada uno tendrá su momento de gloria.
Los héroes más queridos: Michele “el Santo” Di Corso y Giancarlo Rambaldi
Nos enteramos de que Di Corso ha tenido que sufrir de las malas artes del padre de Rambaldi, que le ha robado buena parte de sus territorios.
En 2018 leí “Bomarzo”, libro que en el 2012 me lo recomendó un hombre que había estudiado largo tiempo en Italia. Me quedó el nombre y también el autor, un viejo conocido: Manuel Mujica Láinez. Después de leer Bomarzo y confirmar las atrocidades que hacían los italianos… Ni hablar de la corrupción que asolaba a toda Italia.
Bueno, después de leer Bomarzo (y también conocer las historias sórdidas de Italia) no me extraña que a Di Corso, con malas artes, otro compatriota (florentino) le haya robado buena parte de sus tierras: su enemigo Rambaldi.
Al principio vemos a un Rambaldi con una actitud muy propia de los egoístas que están acostumbrados a agraviar sin remordimiento alguno (con su particular ceguera causada por el egoísmo): no piensa pedir perdón ni piensa que necesite perdón.
En mi experiencia, personas que me deben gratitud han sido las que me han agraviado (rara vez me ha agraviado alguien que no me deba gratitud) y tienen ese denominador común: ni piden perdón ni piensan que necesiten ser perdonados de nada. Uno piensa: “si así tratan a los que los favorecieron, ¿cómo tratarán a los que los perjudicaron?”.
Pero Michele es “el Santo”. Por lo cual va a mostrar una piedad y sabiduría digna de un San Agustín. San Agustín, después de polemizar, esperaba en el futuro compartir el cielo con sus oponentes. Michele desea lo mismo para sus rivales.
La madre le enseña una hermosa frase para que lo acompañe (y que vale la pena que nos acompañe a todos): “Aunque posea riqueza, sabiduría y belleza, todo se arruinará si las acompaña la soberbia”.
Rambaldi, por otra parte, es un hombre que parece nacido para “cancherearla”; quizá un hombre así se unió a los Hospitalarios por sus cientos de años de prestigio y para que todos viesen: “mira, un caballero de la Orden de San Juan (Hospitalario)”. Rambaldi tiene una refinadísima vanagloria porque es capaz de renunciar a todo para exhibirse por la vida, ante los suyos y ante el enemigo con más elegancia (y petulancia) que un pavo real. Al margen de su vanagloria, es muy consciente de lo bueno que es como caballero.
La historia de Michele Di Corso y Rambaldi hace que valga la pena la novela. Si la historia de esos dos no es suficiente, hay más…
Los hermanos Vischer
Se resume a una sola frase: “los hermanos deben permanecer unidos”.
Y la lección de nuestros fracasos…
La Valette, experto militar, siempre tiene en mente la retirada de Rodas. Sistemáticamente va rechazando todas las opciones que, por favorables que sean, pueden resultar en un fracaso para la causa.
Importante: tenían una isla muy importante, Rodas, y él vivió cómo se perdía. Cuando se pierde algo tan grande y se adquiere algo nuevo… Créanme, no van a dejarlo que se vaya al demonio.
La Valette aprende el valor de la tenacidad. Tiene honor. Y tiene aún más: pundonor. Pundonor es no sólo tener honor, sino tener deseo de seguir mejorando. Hay personas que ven que se avecinan crisis y no hacen nada… Se llenan la boca con palabras.
Uno tiene que llenarse con obras. Si uno se llena de palabras, la boca tiende a excusarse… La boca tiende a dar excusas. Las obras, las obras son contundentes y las palabras sobran.
Cuando Rodas cayó, su Gran Maestre se llenó de excusas. Cuando Malta resistió, se debió a la tenacidad de La Valette.
¡Qué contraste! Excusas por un lado (y la anterior presunción que llevó al fracaso) y la diligencia de La Valette (antes, durante y después) que los llevaría al éxito.
Un detalle: los caballeros hacían votos de obediencia (además de castidad y pobreza). El voto de obediencia es el más elevado. Por lo cual, el Gran Maestre reunía un poder que lindaba con lo absoluto.
Es también un llamado a qué hacemos con el poder que se nos da. ¿Qué haces con el poder (mucho o poco) que Dios te da? El poder te pone a prueba, saca a relucir qué clase de persona hay adentro tuyo. Quizá como David un líder cometa errores, pero vuelva al camino recto. El inicio de Salomón tampoco es impecable. Cualquiera se equivoca, pero son contados los que corrigen el rumbo.
El punto: en el día del Juicio Final vas a rendir cuentas de todo.
¿Y La Valette?
Su fiel secretario, Sir Oliver Starkey, que descansó junto a su amigo, compuso su epitafio: “Aquí yace La Valette, digno de eternos honores. Aquel que fuera el flagelo para África y Asia, y escudo de Europa, de donde expulsó a los bárbaros con sus santos brazos, es el primero en ser sepultado en esta amada ciudad (Humilia Civitas Valetta) de la que fue fundador”.
¿Cómo construyó un nuevo bastión inexpugnable en Malta? Gracias a resistir heroicamente, sin ayuda de ningún monarca europeo, esos mismos que no acudieron en su ayuda le enviaron mucho, mucho oro. El mismo Papa, San Pío V, le envía al ingeniero italiano Francesco Laparelli para ayudar a construir la nueva ciudad.
La Valette se convirtió, ya en vida, en leyenda.
¿Por qué leer la novela si en cinco minutos podemos saber todo sobre el final?
Repito. Lo dijo Jack Sparrow en Piratas del Caribe 4: “se trata del viaje y no tanto del destino”. La idea es disfrutar el viaje, revivir el heroísmo de estos caballeros, pensar en sus hermosas armaduras y estandartes familiares. La idea es disfrutar el viaje por el sendero del heroísmo y pensar que estos pocos héroes detuvieron a un poder tan grande como el Imperio Otomano. Una isla contra un Imperio, ¿no es un espectáculo? Y eso es un espectáculo digno de disfrutar.
Invernalia
Fecha: 23/3/20