Nota: mayormente son experiencias extraídas de la RWC 2003, 2007, 2011, 2015 y, de modo muy especial, 2019
Un 10 gana partidos, un equipo gana campeonatos
La posición de apertura (10) puede definir partidos si el equipo se lo permite. ¿Por qué decimos “si el equipo se lo permite”? Si hacen penales (en contra) innecesarios y accesibles, no hay apertura que pueda remediar un pack de forwards cuyo rendimiento es flojo, por decirlo de una manera elegante. Los forwards tienen que ayudar con penales a favor.
Si los backs no consiguen un juego fluido, si no pueden desarrollar su creatividad, si no pueden atacar los espacios o, muchísimo más importante aún, si no pueden crear sus espacios… Porque atacar los espacios es un don; crear los espacios es un don superlativo. Si los backs fallan, el 10 tampoco puede hacer milagros.
¿Qué hay respecto de la posición de apertura (10)? El apertura, a veces, hoy se lo podría ver como a un “súper-back”: hace que el juego fluya, ataca los espacios vacíos con sus kicks y, si ve la brecha, ataca el espacio, se lanza a la carga.
Nota importante: voy a usar el término “se lanza a la carga” en el sentido medieval, y no en el sentido que suele ser el fullback (15), generalmente, que “patea a cargar”.
No quiero hacer un examen exhaustivo y definitivo sobre los aperturas que voy a mencionar. Pero sí quiero detenerme en ciertas “gestas” llevada a cabo por algunos “héroes” de la camiseta número 10. Primero, antes de llevar a cabo epopeyas con sus selecciones nacionales, hicieron grandes méritos con las camisetas de sus clubes. Y es un proceso de retroalimentación: lo que prueban en el club y les sale bien, lo hacen con su selección; y viceversa.
Stephen Larkham (1999 y 2003)
No recuerdo a Larkham como try-man, he visto poco de él. En 1999 anotó un drop a la carrera desde la mitad de cancha. ¡Un drop en semifinales contra los mismísimos Springboks, campeones defensores del título! Y luego salió campeón ante Francia. Era un plantel muy completo el de Australia, tenían a Nobody.
La etapa donde más pude apreciar a Larkham es en el RWC 2003. Si iban al line, pateaba Mat Rogers, 15; él, por lo que tengo entendido, le ganó el puesto a Burke porque tenía mejor eficacia pateando a los palos. Pero quien pateaba a los palos no era Rogers, sino Elton Flatley, el número 12.
Esa distribución de tareas permitía que Larkham (el 10) concentrase su juego en crear oportunidades, con las manos o con los pies. Hacía que fluyera la ofensiva. En la final, en pleno ataque, conecta una patada con Tuqiri (11) y anotan su primer (¡gran!) try.
Esa división de tareas permitió que el 10 ejecutara a la perfección su rol y sólo se viese detenido por exabruptos como insultarse con un inglés y que el inglés le partiese la cara con una patada. Hoy en día esa jugada ameritaría una tarjeta roja. Y que no haya pasado nada y que le hayan partido la cara a Larkham es algo que va a empañar eternamente la final del RWC 2003. Ganó Inglaterra por un drop en tiempo suplementario. Pero hubo una roja que nunca se mostró.
Lo importante es que Australia demostró que un 10 no tiene que hacer todo, que no saliesen campeones fue sólo un lamentable incidente. Fue clave distribuir las responsabilidades. Algo óptimo si uno quiere que el 10 juegue todo el partido.
No sobrecargar al 10 ayuda a la fluidez del ataque. Y lo mantiene fresco durante 80 minutos. ¡Van a necesitar cada uno de esos minutos!
Butch James y Morné Steyn (RWC 2007 y RWC 2011)
James era un apertura que no… sobresalía, tenía un perfil muy bajo. Siempre que hablo con algún amigo de rugby le pregunto: ¿te acordás del plantel de Sudáfrica en el 2007? Suelen recordar a Percy Montgomey, el fullback (me dicen: “el 15”), que se encargaba de todas las patadas a los palos de corta distancia; y de Fourie “Furia” du Preez, (en ese caso me dicen: “el 9”). A James me canso de recordarlo cubriendo cancha, jugando atrás; un papel muy discreto. Aun así, fue campeón del mundo.
Butch James era un 10 con poca incidencia, pero cumplía su papel. De todos modos, se vuelve a dar algo parecido a Australia del 2003: el 10 no patea a los palos y se encarga de que el juego fluya.
Morné Steyn parecía traer un nuevo ritmo. Steyn tenía dos grandes habilidades: 1°, gran efectividad pateando a los palos, natural remplazo de Percy; 2°, kicks tácticos muy precisos. En un partido de su año de debut en los Springboks (2009) se soltó y anotó 31 puntos en un partido contra los All Blacks. Ese récord no ha sido igualado por nadie. Pero a pesar de su inmensa efectividad a los palos (recordemos que Wilkinson con sus drops y efectividad a los palos llegó a ganar RWC 2003) llegaban quejas de que no era suficiente: “jugaba atrás”. La queja era que Steyn no volvió a ser el 10 que atacaba el in-goal con tries ni mantenía esa puntería impecable (más implacable que impecable).

Si un 10 tiene puntería a los palos… ¿Qué más necesita? ¿Acaso Du Preez no probó que el 10 podía “sobrar”? Además, Steyn era oportuno con el uso del pie. En el año 2011, en el Tres Naciones, sumidos en una grave crisis, anotó todos los puntos en una victoria contra Nueva Zelanda. Entonces, el esquema de defender, conseguir penales a los palos y, si se puede, algún try sigue siendo válida. El problema en el 2011 no era Morné Steyn, sino la pérdida de identidad de juego de Sudáfrica. Y más que pérdida de identidad: faltos de eficacia. De haber obtenido más penales podrían haber llegado a la semifinal o a la final (ese año le habían ganado a NZ).
Morné Steyn tenía algo muy relajante: podía anotar drops. Ya había una cultura de drops en Sudáfrica, él hizo lo que pudo por mantenerla. Y no digo patearlos, los patea cualquiera; digo anotarlos.
Quade Cooper (RWC 2011)
Cooper tuvo un 2011 brillante. Tenía el reflejo de amagar y hacer el juego de pies para vencer a la marca; no recuerdo que haya tenido un éxito contundente; y contra Gales, en el partido por el tercer puesto, se rompió los ligamentos haciendo sus… juegos de pies.
Recordemos que Cooper, estando James O’Connor presente (que jugaba de 14), no solía patear a los palos. Y cuando no estuvo O’Connor, quien se encargaba de patear a los palos era un gran jugador, uno de mis Wallabies favoritos: Berrick Barnes.

Tanto Barnes como O’Connor podían jugar de 10 y otros puestos (12,15).
Australia, después de ganar el Tres Naciones del 2011, perdió un partido desconcertante (yo estaba enfurecido) frente a Nueva Zelanda. Venció de manera muy ajustada a Sudáfrica en ¼ de final. Y en la semifinal frente a Nueva Zelanda… estuve todo el partido esperando alguna reacción de una Australia completamente anulada. La victoria por el tercer puesto es engañosa porque el tiempo estaba cumplido, Gales continuó atacando hasta acercarse en el marcador, pero estaba acabado.
Quade Cooper tenía excelentes manos. Era tremendamente útil para los cambios de ángulo tan usados por los Wallabies. Y la época de Cooper después del Mundial no fue muy agraciada. En el 2012 serían blanqueados por los All Blacks. Perderían uno y ganarían uno contra los Springboks. Argentina los amenazaría en ambos partidos. Consiguieron un empate (18-18) frente a los All Blacks en el 2012, pero ninguna patada a los palos de Cooper.
Los Wallabies, en el 2013, serían sobrecargados de oprobio. Necesitaban a un nuevo Head Coach, a un nuevo apertura y a un nuevo capitán… (visto en retrospectiva por los cambios que hicieron: Deans se fue en 2013 después de la gira de los Lions; Sharpe, el antiguo capitán del 2012, se retira en la ventana de noviembre del 2012; y Cooper retendría, por un año más, la “titularidad”).
Bernard Foley, un 10 sobrecargado (RWC 2015)
Foley era un 10 sobrecargado, pero tenía la juventud y motivación para asumir esa sobrecarga. Debutó tardíamente, menos de dos años antes del RWC 2015. Se consagró campeón del Super Rugby frente a los Crusaders en 2014. Mientras Foley estuvo en la cancha, la inmensa mayoría de veces se lo cargó con la mayor responsabilidad posible. Patadas a los palos, recuerdo pocos kicks tácticos, lanzándose a la carga en los huecos de la defensa… ¡Lo hacía todo!
Era un 10 que cargaba, que se lanzaba a la carga si veía el hueco en la defensa o la marca le concedía espacio. Y siempre andaba a la pesca de un try.
Sabía hacer kicks tácticos. Pero no lo recuerdo por eso. Lo recuerdo por zambullirse al in-goal, sea con la camiseta de los Wallabies o con la camiseta de los Warathas, y por convertir penales en momentos decisivos. Un momento…. ¡Espeluznante!… sí… fue en ¼ contra una selección de Escocia que en el 2015 había brillado por su falta de resultados positivos. En esa instancia, sobre la hora, ejecutaría un penal que permitiría llegar a la semifinal. Cuando convirtió ese penal creo que nació el sobrenombre que algunos conocen: Ice-Man.

En el RWC 2015 frente a Inglaterra entre tries, penales y conversiones anotaría 28 puntos. ¡28 puntos contra Inglaterra en un mundial! Se puede decir que fue “Folly” (Locura) quien dejó afuera a los ingleses.
Foley no iba a poder mantener impecable su puntería. Pero mantuvo el juego táctico. Una vez terminado el Mundial 2015, en el 2016 le tocó la ventana de junio contra Inglaterra. Australia perdió los tres partidos. Un detalle curioso fue que Foley, en el primer partido, hizo la misma patada que Larkham, cuyo Head Coach en el 2003 era Eddie Jones (Head Coach de Inglaterra en 2016), y el receptor de esa patada de Foley fue Folau (15). Hicieron la misma jugada que Jones usó en la final del RWC 2003 contra Inglaterra. ¡Bienvenido a Australia, Eddie Jones! (¿“No te extrañamos” era el mensaje?). El primer partido Australia lo va a perder bien (dije: “tranca, jugaron bien”); el segundo, lo va a perder mal (y peor: me quedo muy mal); y el tercero fue una masacre de puntos que ganó Inglaterra. Again! Dije: ¡ya no me calienta nada!
El juego táctico de Foley se mantuvo hasta el último partido que jugó con Australia en el 2019 contra Gales: con un kick a las manos de Adam Ashley-Cooper, que anotaría el try.
Quedó el juego táctico. Pero se hizo uso y abuso de Foley. En el 2018 pensé que el máximo anotador del Super Rugby era Robert Du Preez, el 10 de los Sharks, por una razón muy simple: se cansaba de hacer tries y meter penales. ¡Andá a parar a Rob Du Preez! Pero viví un buen tiempo equivocado: el máximo anotador del Super Rugby 2018 fue Bernard Foley, que llegaría hasta la semifinal.
Fue una lástima que en ese tiempo Mat Toomua no se haya consolidado en los Wallabies. En el RWC 2019 se encontró a un Foley agotado, carente de la motivación que tenía en años anteriores, y a un Matt Toomua que quiso pelear por el 10 recién en el 2018. ¡No se le dio tiempo a Toomua! Y para complicar más la situación se sumó Lealifano, cuya mención me hace acordar a los Wallabies del 2013, año lúgubre. En los peores años de los Wallabies ha estado Lealifano: ´13 y ´19. ¡Se tendría que haber apostado fuerte por Toomua desde que terminó el 2015! Lo hicieron, les faltó mantener esa apuesta.


Una franquicia y una selección no le pueden exigir a un 10 un alto rendimiento de forma indiscriminada. Hasta el mismo 2019 en el choque entre Rebels y Warathas se veía el choque de Cooper (Rebels) y Foley (Warathas)… de ahí, supuestamente, saldría el titular de los Wallabies para el número 10. Fue una victoria de los Warathas con la particularidad que la gran mayoría de puntos fueron anotados por “Folly” (Locura) Foley.
Moraleja: podés tener un 10 maravilloso, que te salva de quedarte afuera contra Escocia (¡Escocia!) en ¼ de final. Te puede salvar un partido muy importante del grupo de la muerte (contra Inglaterra). Foley era un 10 que lo hacía todo: pateaba a los palos (con mayor o menor precisión), patadas al line, cargar al ataque y anotar try. Pero, como dice mi padre, “el arco no puede estar todo el tiempo tenso”.
Beauden Barrett (2015 y 2019)
Fue el suplente de Dan Carter en el RWC 2015. Presentó una particularidad parecida a la de Foley: era un 10 lanzado que podía anotar puntos. Tenía la ventaja de ser más rápido que Foley (¡y eso que Foley es rápido!). El australiano es rápido; pero no recuerdo nunca haber visto a un 10 tan rápido como Barrett.
Barrett no podría mantener la titularidad, la perdería ante Mounga, el 10 de los Crusaders. Pero por su velocidad y el peligro que represente se lo mantuvo en cancha como 12 o 15. Y cada vez que Barrett se lanza a correr es como que en el puesto de apertura corra un wing (11 o 14). Probablemente sea demasiado, pero es como tener a un pseudo-Habana en el centro de la cancha. Se le reprochaba su falta de efectividad a los palos. Pero recordemos que Cooper siendo 10, quien pateaba era O´Connor o Barnes o Beale u otro de los pateadores que tenía Australia.
¿Es demasiado pedir que alguien que no sea 10 patee a los palos? Los 9 de Francia suelen patear a los palos. ¿Conocen a Serin? Lo conocí a Baptiste Serin en la paliza que Francia le dio a Argentina en junio del 2016 donde blanquearon a los Pumas. ¿Es mucho pedir que haya alguien que no sea el 10 que también patee a los palos? Serin es 9 y patea a los palos.

El extraño caso del Campeón Pollard (Pollard del RC y Pollard del RWC)
Yo conocí a Pollard en el 2014. Cuando lo vi pregunté: ¿dónde está Morné Steyn? El campeón Pollard se gestó mucho antes. De niño se imaginaba pateando en la final de la RWC. A los 18 años fue convocado a los Baby Boks y fue necesario para que se coronaran campeones sub-20. Después siempre sería un arma filosa en el sub-20. Y perdería una final, por un solo punto, contra Inglaterra.
Mi primer recuerdo es del Rugby Championship 2014. A pesar de ser fan de los Sharks y de que Pat Lambie acechaba la posición de 10 hacía tiempo, siempre fui un acérrimo partidario de Morné Steyn. Percy Montgomery me enseñó que se necesitaba ser efectivo a los palos para ser campeón del mundo. Por lo cual, mientras Morné Steyn fuese efectivo pateando a los palos me daba por satisfecho. Furia du Preez fue quien manejaba los tiempos en el 2007, nunca vi el problema que un nuevo 9 (como Reinach o de Klerk) lo remplazara.
Empieza el partido contra los All Blacks y veo que Steyn no es el 10, que es un tal “Pollard” y que el suplente el Lambie. “Veamos qué pasa”, pensé. Cuando Pollard anotó 19 de 27 puntos para la victoria registré bien quién era Pollard.
Pollard demostró no sólo efectividad a los palos, sino que podía ganar la línea de ventaja y cargar como si fuese un 12 (hay que tener en cuenta que Pollard mide 1,89 y hay que detener esa carrocería). Con esa potencia podía ganar el duelo individual y anotar tries.
Pollard era un 10 con puntería y se sumaba la potencia de un 12. Y eso es mucha potencia.
En el RWC 2015 Pollard no tuvo demasiado de su juego agresivo, de cargar. Sus patadas fueron claves para vencer a Gales en cuartos de final. Y en la semifinal contra Nueva Zelanda jugó la gran mayoría del partido hasta que Meyer optó por un 10 más fresco, Lambie.

En el 2015 tenía unas inmensas esperanzas puestas en Australia. Una Australia que repuntó en el 2014. A pesar de que fue la primera selección del antiguo Tres Naciones en caer ante Argentina en un partido que hasta el minuto 14’ parecía que sería una nueva paliza y fue revertida. Y en el 2015 salió campeón invicto del Rugby Championship. Sin embargo, por los resultados del RWC 2015, el rival más duro del campeón fue Sudáfrica, que sólo perdió por dos puntos. Apostando por Australia me llevé una doble amargura: no sólo perdió mi candidato, sino que también ganaron los All Blacks.
Nota: en favoritismo Sudáfrica-Australia están bastante igualados, depende del plantel y qué tienen en mente los respectivos países; pero teóricamente están muy igualados en mi podio.
Luego Pollard sufrió una gravísima lesión que lo alejó de las canchas y no volvió sino hasta la ventana de noviembre del 2017 (al menos yo lo vi recién en noviembre con la camiseta de los Springboks). Creo que ese tiempo de inactividad forzada le hizo bastante bien (a pesar de que la lesión fuese una tragedia): primero, para “sacarse el veneno” en la cancha; segundo, para descansar la cabeza después del mundial 2015. Mirándolo en retrospectiva: puede parecer tremenda la lesión que tuvo Pollard, pero fue providencial para ayudarlo a ganar el mundial, que volviese fresco y con hambre.
En el 2018 se lo va a volver a usar como un 10 agresivo. El drama de Pollard es que cuando ataca como si fuese un 12, su desgaste es considerablemente mayor y su vida útil y efectiva en el partido son menores (a partir del minuto 60 cuesta que anote a los palos). De hecho, en el 2018 —recuerdo con nitidez la ventana de noviembre—, vi a los Springboks usar un juego de doble apertura (y si Francois Steyn “era” 10, cuando jugaba con Morné Steyn eran “doble- apertura”). Doble apertura es cuando tanto el 10 como el 12 su posición natural es la de apertura. Vi muchísimas veces ese juego en Australia, y con cierta efectividad. Aprendí que cuando a Pollard se le exige que patee a los palos, que distribuya el juego y haga jugar al equipo y que él mismo ataque la línea de ventaja suele (la gran mayoría de veces) no poder terminar el partido. No aguanta ese ritmo los 80 minutos porque él lo da todo. Pero si sacan al 12, ponen un 10 y lo dejan a Pollard como 12, con menos trabajo puede seguir metiendo tries o patear a los palos (si lo ve oportuno) en el tiempo que queda.

Para el 2019 tuvo un gran Super Rugby, excelente desempeño. En el Rugby Championship no jugó contra Australia, algo que me sorprendió. No pudo sobresalir en un partido afortunado (esas fueron las palabras de Erasmus) donde lograron empatar contra Nueva Zelanda. Y se consagró como gran anotador en el último partido del Championship contra Argentina. Anotó 31 puntos en ese partido. Volvió a ser el Pollard agresivo de siempre. Y a pesar del desgaste jugó de apertura el partido completo.

En el RWC 2019 no tiene sentido hablar de la estrategia de Sudáfrica, hablaré sobre eso en otro artículo: Fides et Ratio. Solamente quiero hablar de Pollard y su RWC.
Durante RWC 2019, Pollard pasó de ser un 10 agresivo a ser un 10 conservador. Cuando lo veía jugar recordaba mucho a Butch James, especialmente cuando lo mandaban a ser uno de los 3 de atrás. Participaba de los ataques, pero no era la gota que horadaba la piedra. Vi mucho de Butch James en él: cubriendo cancha y a veces participando del ataque y quizá atacando la línea y tratando de ganar unos metros. Tenía bien en claro que meter tries no era lo suyo esta vez, al menos no contra la defensa de Inglaterra. La gran imagen que también vi, similar a la del 2015, fue la de un Percy Montgomery encargado de poner clavos en el ataúd del rival.
La vieja fórmula: los forwards obteniendo penales y el pateador (Pollard) poniendo clavos.
Pollard se cansó de anotar conversiones y penales. Sólo en la final anotó 22 puntos, incluyendo un par de patadas desde mitad de cancha: una la anotó y otra la erró; al estilo de Francois Steyn en el 2007. Y tuvo un papel “tímido” a comparación del Pollard que vemos rompiendo líneas de defensa, llevándose todo puesto y anotando el try.
Por su participación en el seleccionado menor y su debut victorioso a los 20 años frente a los All Blacks, por su medalla de bronce conduciendo a su equipo a los 21 y campeonato del mundo a los 25, Pollard nos demuestra que es un apertura muy especial.

¿Hay un nuevo apertura en los tiempos modernos?
Viendo a Foley, Barrett y a Pollard, ellos cargan con pelota en mano y anotan tries, podría decir que sí. El 10, más que un “armador”, es un arma muy filosa.
Yo opino que el 10, hoy en día, no es necesario que sea veloz como un 11 o 14, pero sí que tenga velocidad y potencia. Velocidad máxima o un buen tranco para sacar ventaja con unos pocos pasos. Pollard tiene velocidad, trancos largos y, más que nada, potencia. Foley es muy veloz y siempre anda a la pesca (apoyando el ataque), sabe ver muy bien los huecos; pero no tiene la potencia de Pollard (pero con sus habilidades no la necesita). Barrett, en cuanto a velocidad, es superlativo. El hueco que encuentra Barret es cuando ve la “ranura” y se lanza a correr. ¡Atrápame si puedes!
Se necesita que tenga algunos kicks tácticos en la manga en ciertas jugadas de combinación con los wings: Foley los tiene y Mounga también. Richie Mounga hasta el año 2019 ha tenido sobradas ocasiones de probarse en los Crusaders, pero escasas en los All Blacks. Otorgan un extra, pero se usan en momentos puntuales. Como el rastrón de Toomua a Ashley-Cooper en la victoria contra los All Blacks del 2015. Son pequeños extras que tienen éxito porque desconciertan: podes lograr un try, pero no un partido. Igual suma.
Pollard tiene una estatura y complexión importante. Un 10 más estándar como Toomua, que puede jugar de 12, no tiene la envergadura del campeón sudafricano. Es excelente Toomua, pero no tiene tantas armas como Pollard. Sólo le falta encontrar los huecos, como Foley.

Y creo que cualquier back puede patear un kick venenoso que los ponga contra las cuerdas. Los kicks tácticos siguen siendo importantes para encajonar al rival, y luego arriesgarse a robar el balón en el line o forzar un penal mediante la pesca.
Claramente un 10 puede ganar partidos. Pero para un campeonato se necesita todo un equipo. ¿De cuántos jugadores el equipo? Eddie Jones en el 2003 tuvo un evento desafortunado donde al 10 le patearon la boca y lo disminuyeron para el resto del partido (una decisión salomónica hubiese sido expulsar a quien le partió la cara). Eddie Jones llegó más preparado para el RWC 2019, e invitó a todos a unirse al nuevo rugby: un rugby de 23 jugadores. ¡Qué gran noticia! ¡Excelente invitación! ¡Grande Eddie! Se me ocurre alguna frase de los San Antonio Spurs respecto a usar la banca, que ayuda ganar campeonatos. ¿¡Qué haces, Eddie “Popovich” Jones!? Sin embargo, parece que 23 no alcanzan para salir campeón. En el RWC 2023, ¿se necesitarán 31 jugadores para salir campeones en el equipo de Eddie Jones? Esperamos nuevas invitaciones.
Con Larkham hemos comprobado que el 10 no necesita patear a los palos para ser campeón. Lo mismo pasa con Butch James del 2007.
Se tiende a sobredimensionar al 10, y mientras más se sobrecarga al 10, más mediocre es el equipo. Los medio-scrum (tanto Du Preez en el 2007 y de Klerk en el 2019, en Australia estaba Will Genia) tienen importantísimos roles en la conducción del equipo.
Y también se ha visto al 10 como causa de derrotas (como Foley en el 2019) o como causa de victorias (como Lealifano frente a los All Blacks en el 2019). Juicios total o parcialmente falsos. El 10 no es la salvación del equipo (por más que eso parezca en actuaciones particulares), ni es la condenación: un 10 no puede maquillar la decadencia de una selección.
Es cierto que el estándar con el que se le exige a un 10 después de Foley, Barrett y Pollard lo han levantado considerablemente. Pero uno tiene que precisar qué función va a cumplir el apertura en la dinámica del equipo. Todos los jugadores tienen un rol. Y se necesita a dos pateadores a los palos en cancha. Hay que dejar en paz al 10: un poco más y le van a pedir que, además, le reparta agua al equipo.
Clave: no buscar un nuevo Dan Carter. Si nunca lo examiné como 10 no fue por la falta de méritos. En el 2011 en la primera fase Nueva Zelanda hizo lo que quiso con Francia, y Carter orquestaba todo. Nueva Zelanda, con Carter lesionado, tuvo que sufrir hasta lo indecible para salir campeón frente a una selección de Francia que, con una roja para Gales, le ganó con lo justo a su rival en semifinal.
Muchos de los aperturas mencionados no entran en los parámetros normales de talento. Y mucho menos Dan Carter. Como Watson (Jude Law) le dice a Sherlock Holmes (Robert Downey Jr.): You are not human!

¿Qué le vas a pedir a tu apertura? ¿Qué perfil tiene? ¿Qué lugar tiene en el esquema? ¿Qué hacemos con los backs?
Velocidad, juego de manos (distribuir), quizá que se largue a la carga como un back más si ve la brecha (pelota en mano). Patear al line puede hacerlo el 15. Y si el 10 es un pateador nato, dejalo que patee a los palos. Que tenga algo de creatividad: animarlo a patear drops. Y no tener miedo de jugar con doble-apertura si tiene el tamaño de un 12 (estoy hablando de Francois Steyn y Berrick Barnes, por mencionar sólo dos, que también han jugado de 15). Algún rastrón venenoso para el 11/14, como Toomua hizo con Ashley-Cooper en el 2015 contra los All-Blacks: “Toomua y hacelo”, dijo el locutor de ESPN.
El 10 es el jugador más maravilloso del equipo (luego viene el 12). Puede hacer muchísimas cosas, pero no todo (y mucho menos todo el tiempo). Si bien el 10 puede ser un gran back, que los backs también tengan habilidades de un 10.
El back puede hacer kicks en ofensiva, al estilo Habana o Mapimpi. Habana orquestaba toda la ofensiva solo. Hay muchos aperturas que pueden jugar de 12 y hacer más peligroso el ataque. Hay 12 natos, como De Allende, Serfortein y Jesse el Cruel (Kriel), que no van a patear pero tienen potencia, dejalos en paz. Y el 15 puede ser perfectamente un play-maker al estilo Israel Dagg, Liam Williams y Willie Le Roux; ni hablar de los 10 que pueden jugar de 15, como Barnes u O’Connor.
Hay que establecer un equilibrio: que el 10 tenga más cosas de un 12 (potencia, penetración) y que los backs, salvo el 12 nato que se necesita para cruzar (¡partir!) las líneas enemigas, tengan más habilidades del 10. Hay sobrados ejemplos de 10 que se convierten en otro back. Conclusión: todos tienen que sumar peligro (el 9, 10, 11, 12, ¿13?, 14, 15). Y el 10 puede ser, tranquilamente, un súper-back.
Cuando se ponen las pilas: ¡qué peligrosos son Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica! ¡Qué manera de mostrarle al mundo jugadores superlativos!
¡Hasta los entrenadores patean! ¡Miren a Rassie Erasmus!

Fecha: 30-11-2019
Invernalia
P. S.: las fotos han sido obtenidas “en vivo”, he ido guardando fotografías de los Springboks, Wallabies y “All Blacks” (Dan Carter e Israel Dagg)… Llevaban mucho tiempo durmiendo entre mis archivos.